Si o no: una canción de cuna

Una canción de cuna
Una canción de cuna

Estoy enseñándole a mi hija a cantar. Eso es lo que yo pienso, cuando en realidad es ella la que me enseña. Tiene intacto ese don de los niños pequeños de mezclar palabras y notas en cantilenas inventadas que acompaña con gestos de una manera completamente libre y natural. También desarrolla versiones muy personales de canciones conocidas. Últimamente anda en la onda de la vaca Lola, una vaca que, aclara el coro, tiene cabeza, cachos y cola.

Cantando con ella, vuelvo a las canciones de mi infancia. Tengo como  primera memoria una canción que me cantaban, era la canción para un negrito. La música era linda aunque le faltaba un no sé qué para llegar a ser alegre. Yo me lo imaginaba feliz en un lugar donde hacía mucho calor. Mientras yo oía la letra lo veía, su carita redonda, moviendo sus manos en una cama grande mientras las cortinas de la ventana jugaban con sus pies. Su mamá no estaba. Trabajaba muy lejos, en el campo, y luego llegaba el pedazo donde la cantante contaba que no le pagaban. Creo que yo tendría quizás sólo 5 años pero esa estrofa me inquietaba “Trabajando , si, trabajando duramente, trabajando, si,  trabajando y no le pagan, pal negrito si” Además la mamá tenía tos. No, no puede ser. ¿Por qué no estaba con el negrito? ¿Por qué estaba enferma y tenía que irse lejos? Y así, tan niña todavía, entró a mi vida a través de esa canción un bosquejo de lo que pasaba en el mundo de los adultos.  Yo intuía algo triste en esa canción y sentía que  la vida del negrito no era tan alegre como la del caimán que se iba  para Barranquilla o la de una culebra que quería comprar zapatos.

Pero después me consolaba pensando que si. Sí, el negrito si era feliz porque su mamá le iba a traer fruta y un montón de cosas ricas para comer y mi mente dejaba atrás ese coro melancólico de la canción pensando que no, que no podía existir un mundo así, que era sólo una canción, un invento para hacerme dormir.

Con el tiempo, muy a mi pesar, entendí que lo que era un invento y lo que no existía en el mundo real eran serpientes que iban de compras a las zapaterías o caimanes que comían pan con mantequilla, pero en cambio el mundo estaba lleno de negritos como los de mi canción, y de mamás mal pagadas  y de gente con tos que tenía que irse a moler el lomo lejos de su familia.

Hija, ojalá el país que te toque sea un país más parecido a las canciones de cuna que hablan de iguanas cuyo mayor problema es que las echen al gua por andar tomando café. Ojalá el país que te toque no se parezca en nada a esa canción de cuna que me hacía dormir deseando solo que el negrito fuera feliz.

 

 

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