6 cosas que no sabía antes de ser mamá

Un sistema que no ha entendido los ritmos de la maternidad.

1.No sabía que el misterio de los agujeros negros que tantos físicos y estudiosos han investigado se asentaría un día en mi casa. Tengo mi propio agujero negro debajo del sofá: ese campo gravitatorio tan fuerte que chupa recibos, piernas de Barbie, migajas de papas, plastilina vieja, hojas de plantas y frascos de teteros. Después de dos días puedo volver a hacer la prueba. Ya serán otros los objetos que gravitarán en ese universo y las cosas que estaban antes, misteriosamente habrán desaparecido.

 2.No sabía de todas las nuevas funciones para las partes de mi cuerpo. Por ejemplo, hombro, oreja y cachete forman un ergonómico dispositivo para sostener el teléfono mientras hablo con el pediatra y con el pié empujo cajones y puertas, al tiempo que con los brazos trato de remolcar a un niño con berrinche.

3.No sabía que mi círculo de amistades cambiaría. Mis amigos solteros o sin hijos hacen planes a los que yo no puedo o no quiero ir por la hora, el lugar o el cansancio. Pero en el parque, la piscina de pelotas, la heladería o la ludoteca voy conociendo a otros seres multitasking como yo. Andan casi siempre en leggins y sacos largos, como yo. Como yo, han cambiado sus sofisticadas carteritas diminutas por morrales o pañaleras a punto de explotar. El hilo invisible de la empatía maternal ha convertido a estas mujeres en mi nuevo círculo social.

4.No sabía que comprar cosméticos caros era un disparate. Esa platica se perdió. Mis delineadores pasaron de cumplir una misión estética importante relacionada con mi imagen a una tarea más noble y trascendental: ser usados como crayolas para rayar paredes que, además, tengo que limpiar con jabón de platos que es el único que sirve para las paredes -eso tampoco lo sabía-.

5.No sabía que me convertiría en una versión moderna y tecnológica del conejo blanco de Alicia en el país de las maravillas. En vez de un reloj de bolsillo ando con un celular gritando:

– ¡x#%*+>$¥g#!  ¡Voy a llegar tarde!

Y como en el cuento, no importa lo rápido que corra, el tiempo siempre es más ágil que yo.  Con una mezcla de angustia y resignación voy entendiendo que nunca alcanzaré a hacer todas las cosas que debería.

6.No sabía que podía querer a alguien tanto.

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