Ya no soy el Grinch

Navidad 2018
Renovando la ilusión de la navidad.

Esa navidad hicimos unos buñuelos horribles. Como ahí no vendían la receta de caja que venden en todos los supermercados de Colombia, decidimos adaptar algunos ingredientes harinosos parecidos a los originales. El resultado fueron unas bolas cauchudas que rebotaban en la pared con gran soltura, pero sabían a llanta, o a lo que me imagino que sabe una llanta. Desistimos de nostalgias gastronómicas y con la barriga inflada por unos sánduches improvisados de pan de molde, salimos a la plaza. Estaba llena, había un concierto, lloviznaba. Yo tenía las manos como una gallina. El frío de ese diciembre me había agrietado la piel de entre los dedos. También me había quedado sin casa. Tenía 3 días calendario para buscar un techo bajo el cual desarmar mi maleta negra, llena de herencias inútiles dizque para el invierno: Sigue leyendo

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El discreto encanto de la “pata e gallo”

arrugas y otras cosas
Yo, mi gentil retrato.

Que hay que vibrar en ciertas frecuencias para atraer las cosas que por su energía palpitan igual, dicen. Con todo funciona, dicen…

Bueno, la semana pasada estaba yo buscando espectáculos de títeres para llevar a mi hija. Puse en el buscador “Hilos mágicos” que es el nombre de un reconocido teatro de marionetas. Pero mis energías vibratorias están perfectamente sincronizadas no con los títeres, sino con  los métodos  para acabar con la pata de gallo, pues  Don google me salió con que “Hilos mágicos” es un nuevo método para acabar con las arrugas, unos hilos tensores que alisan la piel y quitan papada, mejor dicho si queda uno como para protagonizar una obra de esas de las marionetas de Jaime Manzur: con la cara  templada, lisa y brillante. Sigue leyendo

La delicadeza en un Pielroja sin filtro

mi amada abuela
Mi abuela Blanca.

Algunas tardes se sentaban mis dos abuelas a charlar. Si una era un ciclón, la otra era una canción de cuna. Mi abuela paterna era un alma buena, cándidamente y sin proponérselo. Una señora que, no sé cómo, jamás practicó el deporte preferido de muchas mujeres cuando están reunidas: rajar del prójimo y específicamente de las prójimas, las no presentes, obvio. Sigue leyendo

El gancho antena y otros inventos maternos

Las mamás recursivas de los ochenta
Sobrevivimos  más que con decoro a los 80 y al gancho antena.

En mi casa las cosas se dañaban y en vez de arreglarlas, el curso normal de los acontecimientos era tratar de componerlas con instrumentos hechizos, trucos y artificios que los miembros de la  familia iban aprendiendo y aplicando hasta que el objeto volvía a cumplir  con su función. Se establecía un nuevo orden y el viejo quedaba olvidado por completo, como si nunca hubiera existido. Era como un código, una especie de lenguaje doméstico, una jerigonza que sabíamos solo los miembros de la familia para manipular y hacer funcionar las cosas. Sigue leyendo