Infancia vintage

recuerdos de infancia
nacidos en los 70

Aburrirse. Somos quizás la última generación que conoció en carne  propia el aburrimiento. Somos la casta de nacidos en los 70, los infantes que entendieron a temprana edad el concepto de eternidad: pararse frente al  televisor a esperar que fueran las 4 de la tarde para prenderlo y ver unas rayas de colores acompañadas con un sonido de pito. El feliz preámbulo de la programación. Solo dos canales y en uno “El boletín del consumidor”. Sigue leyendo

Mudanza

De mudanza
De mudanza

Las nubes se diluyen para dar paso a un cielo azul eléctrico, el sol resplandece picante y los niños corren por el pasto del parque con sus coloridos tapabocas del Hombre Araña o Princesita Sofía. Algún perro, también con un tapabocas de color chillón colgado del cuello, corre detrás de ellos, juguetón.

Me quito los zapatos, me siento a descansar. Los paquetes deformes, las bolsas de basura gigantes y las maletas viejas están desparramadas al azar por el suelo. Porque mientras mi hija y su papá están en el parque yo me he quedado en el apartamento preparando el trasteo. En un día de sol. Y me aterro de los niveles de adultez que he alcanzado: preferir empacar a salir, preferir hacer maletas a comerme una paleta de chocolate con crema de las que vende el viejito en el parque, preferir arreglar los recibos de los últimos cinco años y coserlos en orden alfabético, a sentarme en la banquita de madera a calentarme las piernas y pensar en nada. He llegado al colmo de mi madurez, he rebosado la copa de mi sentido de responsabilidad. Nadie me tiene que obligar porque para mi propia sorpresa, lo hago por mi auténtica iniciativa: desocupar estantes y alacenas, clasificar los libros para donar, esculcar cajones repletos. Quiero estar a la cabeza de la mudanza. Sigue leyendo

Ksimeritos

Ksimeritos
La nueva moda de los Ksimeritos.

Nacen, con sus ojos gigantes examinando el mundo. Los debes nutrir, no solo de amor, sino de comida especial, hay que ponerles vacunas y sueros que valen lo equivalente a entradas para ir a ver El Circo del Sol y hay que llevarlos adonde la enfermera Tania para controles periódicos como un recién nacido real.

Si nuestra generación vivió la influencia mejicana de telenovelas como “Alcanzar una estrella”, las nuevas, fresquísimas generaciones sucumben ante el encanto azteca de estos muñecos, cabezones y carísimos con nombres como Isabelonga, Berinaiz y Machincuepa. Sigue leyendo

Halloween retro

Recuerdos de Halloween
Con mi disfraz de holandesa en Halloween.

Con mi hija compruebo que Halloween ha cambiado. Los dulces que reciben los niños de hoy también han cambiado. El botín recogido en bolsas y calabazas refleja la opulencia de la sociedad contemporánea. Nosotros, en cambio, recibíamos las austeras “bananas”: duras, tiesas, coloradas. Pero Chocolatinas jet? Chocobrakes? Por favor!, ni en nuestros sueños más ambiciosos. Si estábamos muy de buenas nos podía salir alguna banana con relleno: un líquido espeso y hostigante de color incierto.

Sigue leyendo

Nostalgia de las fotos en papel

Fotos en papel
Mis fotos impresas en papel.

Hace muchos años, en una peluquería de barrio a la que iba mi mamá, los dueños solían distraer a las habituales clientas no con revistas de moda o chismes como es la usanza, tampoco con catálogos de cortes y peinados. En el salón de belleza “Glady’s” (porque peluquería de barrio que se respete debe llevar algún apóstrofe en su nombre, en cualquier letra, sino pierde toda credibilidad) había una mesa central de aluminio. Y ahí en vez de la Cosmopolitan o la Vanidades estaba el álbum de fotos de la familia. Sigue leyendo

El hombre increíble

Mi papá y yo
Mi papá y yo.

Un día de hace muchos años, mi papá se despertó asustado.

-Estoy sudando verde.

Se levantó la bota de su piyama de algodón para dejarnos ver sus piernas color queso. Y sí, hacía calor y por ellas corría un líquido de color moho. Por turnos, incrédulos, pasamos la mano por su piel. Primero mi mamá con cara de duda, luego mi hermano y yo con curiosidad genuina. Sigue leyendo

Mi nonna

MI adorada nonna
Mi adorada nonna.

Mi nonna tenía un nombre de película: Floriana Di Petta. Un jardín lleno de flores  con dos tetas, como fuentes, en la mitad. A eso me sonaba su nombre cuando yo era pequeña. Mi nonna era un cojín abullonado en el que yo adoraba desmoronarme. Sigue leyendo

La delicadeza en un Pielroja sin filtro

mi amada abuela
Mi abuela Blanca.

Algunas tardes se sentaban mis dos abuelas a charlar. Si una era un ciclón, la otra era una canción de cuna. Mi abuela paterna era un alma buena, cándidamente y sin proponérselo. Una señora que, no sé cómo, jamás practicó el deporte preferido de muchas mujeres cuando están reunidas: rajar del prójimo y específicamente de las prójimas, las no presentes, obvio. Sigue leyendo

El gancho antena y otros inventos maternos

Las mamás recursivas de los ochenta
Sobrevivimos  más que con decoro a los 80 y al gancho antena.

En mi casa las cosas se dañaban y en vez de arreglarlas, el curso normal de los acontecimientos era tratar de componerlas con instrumentos hechizos, trucos y artificios que los miembros de la  familia iban aprendiendo y aplicando hasta que el objeto volvía a cumplir  con su función. Se establecía un nuevo orden y el viejo quedaba olvidado por completo, como si nunca hubiera existido. Era como un código, una especie de lenguaje doméstico, una jerigonza que sabíamos solo los miembros de la familia para manipular y hacer funcionar las cosas. Sigue leyendo

Las tetas de mi vida

Como yo las recuerdo
las tetas de mi vida.

Las primeras tetas de las que tengo memoria, externas, ajenas al entorno doméstico, fueron las de un libro que se llamaba: “De Dónde Vienen los Niños”, era un libro originalmente en alemán me parece, traducido al español. Un libro avanzado para la época. Empezaba explicando la reproducción de animales pequeños: lombrices, pollos, perros, gatos y en la última parte la reproducción humana. Aparecía un óvulo con peluca y un espermotozoide con bigote y en la página siguiente mamá y papá en la cama desnudos con, en vista, como si las barrigas fueran transparentes, el aparato reproductor de cada uno. Y la señora con sus tetas muy bien puestas, dibujadas en color carne y pezones fucsia. Unas tetas punk. Sigue leyendo