El hombre increíble

Mi papá y yo
Mi papá y yo.

Un día de hace muchos años, mi papá se despertó asustado.

-Estoy sudando verde.

Se levantó la bota de su piyama de algodón para dejarnos ver sus piernas color queso. Y sí, hacía calor y por ellas corría un líquido de color moho. Por turnos, incrédulos, pasamos la mano por su piel. Primero mi mamá con cara de duda, luego mi hermano y yo con curiosidad genuina. Sigue leyendo

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Mi nonna

MI adorada nonna
Mi adorada nonna.

Mi nonna tenía un nombre de película: Floriana Di Petta. Un jardín lleno de flores  con dos tetas, como fuentes, en la mitad. A eso me sonaba su nombre cuando yo era pequeña. Mi nonna era un cojín abullonado en el que yo adoraba desmoronarme. Sigue leyendo

La delicadeza en un Pielroja sin filtro

mi amada abuela
Mi abuela Blanca.

Algunas tardes se sentaban mis dos abuelas a charlar. Si una era un ciclón, la otra era una canción de cuna. Mi abuela paterna era un alma buena, cándidamente y sin proponérselo. Una señora que, no sé cómo, jamás practicó el deporte preferido de muchas mujeres cuando están reunidas: rajar del prójimo y específicamente de las prójimas, las no presentes, obvio. Sigue leyendo

El gancho antena y otros inventos maternos

Las mamás recursivas de los ochenta
Sobrevivimos  más que con decoro a los 80 y al gancho antena.

En mi casa las cosas se dañaban y en vez de arreglarlas, el curso normal de los acontecimientos era tratar de componerlas con instrumentos hechizos, trucos y artificios que los miembros de la  familia iban aprendiendo y aplicando hasta que el objeto volvía a cumplir  con su función. Se establecía un nuevo orden y el viejo quedaba olvidado por completo, como si nunca hubiera existido. Era como un código, una especie de lenguaje doméstico, una jerigonza que sabíamos solo los miembros de la familia para manipular y hacer funcionar las cosas. Sigue leyendo

Las tetas de mi vida

Como yo las recuerdo
las tetas de mi vida.

Las primeras tetas de las que tengo memoria, externas, ajenas al entorno doméstico, fueron las de un libro que se llamaba: “De Dónde Vienen los Niños”, era un libro originalmente en alemán me parece, traducido al español. Un libro avanzado para la época. Empezaba explicando la reproducción de animales pequeños: lombrices, pollos, perros, gatos y en la última parte la reproducción humana. Aparecía un óvulo con peluca y un espermotozoide con bigote y en la página siguiente mamá y papá en la cama desnudos con, en vista, como si las barrigas fueran transparentes, el aparato reproductor de cada uno. Y la señora con sus tetas muy bien puestas, dibujadas en color carne y pezones fucsia. Unas tetas punk. Sigue leyendo

Los ñoquis mágicos de nonna Anna

Nonna y nieta
Buen viaje, nonna Anna

Los primeros ñoquis que probé fueron los de mi nonna Floriana, hechos en la casa para ensalzar las ocasiones especiales. Para los días ordinarios estaba la pasta, la pasta con salsa de carne, para los días más ordinarios  todavía, estaba la pasta sola con mantequilla y parmesano. En Italia a esa pasta  le dicen el plato del marido cornudo. Porque es solo echar la pasta al agua hirviendo y ya.  Una mujer ocupada en otras cuestiones requiere de poquísimo tiempo para preparar esa receta, de ahí el nombre. Pero para los cumpleaños, los festejos, las celebraciones, estaban los ñoquis.  La pasta corriente vestida de gala, vestida de papa. Sigue leyendo

Las mujeres y el pelo

En la fiesta
En la fiesta con el trasquilado.

Hace unos meses me dio por experimentar unas sopas orientales que vi en internet. Compré todos los ingredientes y me metí en la cocina a probar. Mientras metía los fideítos en el agua escuchaba las risas de mi hija en la tina, mi esposo la estaba bañando. Oí que salieron y jugaban sobre la cama a las cosquillas mientras  él le ponía la piyama y veían Frozen. Sigue leyendo