Halloween retro

Recuerdos de Halloween
Con mi disfraz de holandesa en Halloween.

Con mi hija compruebo que Halloween ha cambiado. Los dulces que reciben los niños de hoy también han cambiado. El botín recogido en bolsas y calabazas refleja la opulencia de la sociedad contemporánea. Nosotros, en cambio, recibíamos las austeras “bananas”: duras, tiesas, coloradas. Pero Chocolatinas jet? Chocobrakes? Por favor!, ni en nuestros sueños más ambiciosos. Si estábamos muy de buenas nos podía salir alguna banana con relleno: un líquido espeso y hostigante de color incierto.

Sigue leyendo

Nostalgia de las fotos en papel

Fotos en papel
Mis fotos impresas en papel.

Hace muchos años, en una peluquería de barrio a la que iba mi mamá, los dueños solían distraer a las habituales clientas no con revistas de moda o chismes como es la usanza, tampoco con catálogos de cortes y peinados. En el salón de belleza “Glady’s” (porque peluquería de barrio que se respete debe llevar algún apóstrofe en su nombre, en cualquier letra, sino pierde toda credibilidad) había una mesa central de aluminio. Y ahí en vez de la Cosmopolitan o la Vanidades estaba el álbum de fotos de la familia. Sigue leyendo

El hombre increíble

Mi papá y yo
Mi papá y yo.

Un día de hace muchos años, mi papá se despertó asustado.

-Estoy sudando verde.

Se levantó la bota de su piyama de algodón para dejarnos ver sus piernas color queso. Y sí, hacía calor y por ellas corría un líquido de color moho. Por turnos, incrédulos, pasamos la mano por su piel. Primero mi mamá con cara de duda, luego mi hermano y yo con curiosidad genuina. Sigue leyendo

La delicadeza en un Pielroja sin filtro

mi amada abuela
Mi abuela Blanca.

Algunas tardes se sentaban mis dos abuelas a charlar. Si una era un ciclón, la otra era una canción de cuna. Mi abuela paterna era un alma buena, cándidamente y sin proponérselo. Una señora que, no sé cómo, jamás practicó el deporte preferido de muchas mujeres cuando están reunidas: rajar del prójimo y específicamente de las prójimas, las no presentes, obvio. Sigue leyendo

El gancho antena y otros inventos maternos

Las mamás recursivas de los ochenta
Sobrevivimos  más que con decoro a los 80 y al gancho antena.

En mi casa las cosas se dañaban y en vez de arreglarlas, el curso normal de los acontecimientos era tratar de componerlas con instrumentos hechizos, trucos y artificios que los miembros de la  familia iban aprendiendo y aplicando hasta que el objeto volvía a cumplir  con su función. Se establecía un nuevo orden y el viejo quedaba olvidado por completo, como si nunca hubiera existido. Era como un código, una especie de lenguaje doméstico, una jerigonza que sabíamos solo los miembros de la familia para manipular y hacer funcionar las cosas. Sigue leyendo

Las tetas de mi vida

Como yo las recuerdo
las tetas de mi vida.

Las primeras tetas de las que tengo memoria, externas, ajenas al entorno doméstico, fueron las de un libro que se llamaba: “De Dónde Vienen los Niños”, era un libro originalmente en alemán me parece, traducido al español. Un libro avanzado para la época. Empezaba explicando la reproducción de animales pequeños: lombrices, pollos, perros, gatos y en la última parte la reproducción humana. Aparecía un óvulo con peluca y un espermotozoide con bigote y en la página siguiente mamá y papá en la cama desnudos con, en vista, como si las barrigas fueran transparentes, el aparato reproductor de cada uno. Y la señora con sus tetas muy bien puestas, dibujadas en color carne y pezones fucsia. Unas tetas punk. Sigue leyendo