Reflexiones en vacaciones

En la playa del lago
En chingue y chanclas.

Mientras me embadurno el repelente de citronela, cien por ciento natural, pienso que en chingue y chanclas todos somos idénticos ante los ojos de Dios. Las piscinas son la verdadera democracia y los zancudos los fieles guardianes de la igualdad y fraternidad entre los hombres. Ellos no discriminan por estrato, raza o religión. El gerente de un banco, un jubilado, una manicurista o una empleada de finca raíz, todos deambulamos con las mismas patas blancas salpicadas de puntos rojos, como los mejores amigos de “Fresita”, la muñeca de mi infancia. Todos con nuestras picaduras y caras plácidas gravitando alrededor de la estación de los snacks: pinchos de pollo y deditos de queso, en chingue mojado y chanclas en las que el dedo gordo queda separado caprichosamente de los demás por una raya de plástico.Los niños ilusionados chapotean y nadan con sus vestidos de baño brillantes y modernos, acordes con la delgada capa de ozono que les hemos dejado: buzos de manga larga, gafas de sol, gafas para el agua, gorro de baño y cachucha, todo  al mismo tiempo.

lectura en la piscina
Arena y libro.

Vacaciones: por fin, poder leer un  libro deseado, así sea a retazos, como si fuera un telegrama de los viejos tiempos. Con mil interrupciones entre líneas: un flash de mi hija con su flotador amarillo, una echada de protector, espantar zancudos con la toalla.

piscina
El placer de la piscina

En vacaciones el goce está por encima de cualquier remilgo. Estamos todos tan felices en la piscina de los niños, sintiendo cómo sube la temperatura del agua cada vez que los pequeños entran. Piscina infantil que se respete parece de aguas termales: hirviendo.

-Estamos jugando al tiburón en una mezcla de agua y pipí.  – le digo a mi esposo con una mueca entre sonrisa y asco.

-Es solo ácido úrico… como la crema que te echas por las noches.  Y se sumerge hasta el fondo.

En realidad lo que yo me echo es urea con ácido hialurónico. Si el ácido úrico tuviera efectos anti-age, esta y todas las piscinas infantiles serían la fuente de la eterna juventud y las madres no tendríamos que gastar lo que gastamos en nuestros potingues. Me sumerjo yo también.

 

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